ESPACIO PARA APASIONARSE

Sentada de frente sobre sus piernas, el calor que irradiaba su cuerpo era como un incendio con llamas altas imposibles de matar de un solo intento; Las manos jugando con cada caricia, bajar la cremallera para encontrar la humedad entre sus muslos, ya no hay imaginación, este es el momento de hacer y no pensar. Su cuerpo en perfecta adaptación al suyo; lo besaba, la besaba, sus lenguas jugaban a encontrarse, ella delineaba sus labios mojando su boca, y eso, lo mataba. Ardía, sentía la respuesta incontrolable entre sus piernas, él la apretaba contra su pecho, trataba de desnudarla, pero el espacio no era suficiente; ella movía sus caderas armónicamente contra su cuerpo, él inmóvil.

No quería salir de allí, aún no, quería enloquecerlo y sabía que lo hacía; la blusa abierta, un brassiere sexi, los senos a la distancia de su boca; corría el brassiere y los besaba, sentía la caricia de su lengua sobre los pezones erectos y duros, en repuesta su sexo levantándose. Buscaba la forma, lograba rosarlo, hacer que sintiera sus dedos jugando en su piel al mismo vaivén de su lengua jugando en su boca, por momentos, el poco espacio lograba jugar a su favor.

Cada vez el calor aumentaba, las gotas de sudor mojaban la ropa que, aun, no caía, no por gusto; la incomodidad, los movimientos cortos pero intensos, la cercanía extrema, el desespero de los cuerpos semi desnudos aumentaba, la ropa oscurecía, cada poro del cuerpo expulsaba el agua de tanta vitalidad generada, estaban mojados. la ropa comenzaba a incomodar, era hora de salir.

Sin dejar de besarlo abre la puerta, se baja, suelta cada botón de la camisa dejando su pecho desnudo, su lengua va paso a paso por cada centímetro de su piel, su olor a hombre, las yemas de los dedos clavadas en sus brazos,  .

Ël se baja, la arrincona contra la pared como queriendo devorarla, sus manos entran en medio de sus piernas, su lengua acelerada, mojada, recorre la boca, entra haciéndole sentir la fuerza de quien aguanto la presión, sus dedos notan la humedad que sugiere ponerse cómodos, caminan con apuro mientras la ropa cae, llegan a la cama , ella lo empuja y ya sobre su cuerpo se acomoda para dirigir la batalla, no sabe cuanto ama verlo dispuesto, extasiado; sale la poca ropa que queda en ellos, acostado boca arriba puede ver como ella se acomoda encima de su cuerpo, no hay forma de resistir la sensación de devorarse, con las piernas a cada lado de su torso, el paisaje de su intimidad ante sus ojos lo excita aún más, ella ahí no sabe de pudor, lo hace a propósito; se abre ante él como cada mañana el amanecer, comienza su movimiento de cadera, lo tiene atrapado, él la mira agradeciendo como se desinhibe. Ahí está, su vulva abierta para él, no puede dejar de verla, se incorpora besando su interior, explorando, hallando con su lengua el clítoris ya grande, lo siente, lo rodea y ella deja escapar un gemido constante, sonoro. No puede ser fingido, le dice que lo disfrute, que lo sienta. Más la explora; ahora sus dedos giran en un movimiento constante, no trata de ocultar su orgasmo, lo hace notar, su cuerpo lo grita con movimientos involuntarios, arde su piel, la voz se proyecta con gemidos que quedan atrapados en la almohada. Más tarde el turno será para él, y lo sabe.

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